Hermana Glenda


Una mujer tan pequeña con una voz tan dulce. Nace el 5 de Enero de 1971 en el Parral, cerca del mar en Chile. Glenda pasó toda su vida no muy lejos de allí, en Linares, donde hizo sus estudios, un tiempo en un colegio religioso y la mayor parte en institutos públicos.

Su madre, profesora de matemáticas, era católica practicante.
Su padre, profesor también, en un liceo técnico, no sólo no era creyente, sino que se opuso desde siempre a la fe, al punto que Glenda fue bautizada recién a los 4 años.
Ella recibió una primera llamada a la fe a los 14 años, cuando aún estaba en el Liceo. En su propio curso sólo había un par de niñas católicas; el resto eran de otras religiones y muchos, agnósticos.

Desde muy pequeña Glenda fue iniciada en la búsqueda de la verdad.
Su padre, un libre pensador, siempre la inducía a conocer otras religiones, otros sistemas de pensamiento, otras filosofías.
Glenda, que siempre fue muy aficionada a la música, comenzaba a componer canciones de amor a su primer novio («sólo tuve tres: dos transitorios y uno 'verdadero'» nos cuenta muerta de risa).

Poco a poco se va acercando a Dios a través de la música religiosa, ya que cantaba en la misa dominical de la Catedral de su ciudad.
Glenda cuenta que, poco a poco, iba entendiendo lo que iba cantando.
Se quedaba mirando la cruz después de misa y le preguntaba al Señor: ¿es verdad que has muerto por mi?, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿por qué …?

En un festival diocesano de la canción, le regalan como premio una Biblia.
Era tal el deseo de conocer a Dios que cuenta que se la leyó entera, del Génesis al Apocalipsis, en 1 año.
Pero al llegar a un pasaje del Evangelio de Juan, en el capítulo 3, versículo 16, Glenda no pudo seguir leyendo más. Dice que tuvo la primera experiencia de Dios. Se le abrió la mente y el corazón al leer: "Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo aquel que él crea, no se pierda, sino que tenga vida eterna". Después de esa primera experiencia cristiana, vino su experiencia Apostólica. Así se pone a trabajar en la cárcel de mujeres. Era tan pequeña que no la querían dejar entrar, pero ella insiste: "algo puedo hacer… aunque sea jugar al ping-pong con las reclusas" (de 14 a 60 años). Glenda necesitaba comunicar su experiencia de Dios: «¡Por qué yo experimento el amor que Dios me tiene y los demás no!». Esa inquietud era la que la movía a entregarse y dar a conocer a Dios.

Luego de esta llamada a la fe cristiana-católica, comienza a nacer misteriosamente en el corazón de Glenda un interés por la vida religiosa. Miraba a las monjas y pensaba: ¡qué fantástico debe ser vivir sólo para Dios! Un día siguió, sin ser vista, a una religiosa y hasta se atrevió a tocarle el borde de su hábito, «quería saber cómo era».
Un domingo, leyendo la hoja dominical que se reparte en la Iglesia, nota varias direcciones de comunidades religiosas. Les escribe y pronto recibe respuesta de varios institutos y órdenes religiosas.
Pero fue otra vez a través de la música que el Señor encamina su vida. En un festival religioso donde Glenda fue invitada a cantar, conoce a las hermanas de la Consolación. Pronto Glenda les cuenta: «hermanas, al ver un pobre, yo veo a Cristo, ¿qué me está pasando?» (Glenda temía aún hablar de "vocación"… ¡si su novio lo supiera!).
Las hermanas la invitan a visitar con ellas las comunidades del campo, a participar de las catequesis con jóvenes. «A lo mejor —le dijeron— Dios te está llamando». Cuando se lo cuenta a su novio, éste directamente le dijo: «Glenda, ¿no será que quieres ser monja?»

En 1988 Glenda da el paso definitivo, con mucho dolor en su corazón Deja a su novio y entra en las Hermanas de la Consolación. «Eso es lo que siempre he hecho en mi vida —dice Glenda—: consolar, y eso es lo que quiero seguir haciendo».

Hace su postulantado y noviciado en Chile durante tres años. Estudia 2 años de filosofía en Buenos Aires y trabaja por dos años con jóvenes dando clases en Tucumán, en el interior de Argentina. Hace sus votos perpetuos en Tortosa, España, la casa madre de las Hnas. de Ntra. Sra. de la Consolación, y estudia 3 años teología en Roma. Trabajó dando clases en Zaragoza y actualmente estudia Psicología en Salamanca, donde también colabora en la pastoral juvenil universitaria.

Verdad! Ques es tremenda mujer, tan pequeña pero de voz tan sutil. Esta mujer me eleva al cielo, y me pone en los brazos de mi Dios.

Esta es la segunda vez que vengo y siento tristeza porque no la podré ir a ver tampoco, pero por otro lado mi alma se alegra porque sé que con su dulce voz ella tocará las almas de muchas personas necesitadas que si podrán asistir.


Porque tengo miedo, si nada es imposible para tí; Tu conoces mi canto; Pide y se te dará; Oráculo del señor, entre tantas canciones que se han calado en mi alma, y que me hacen recordar los momentos más duros de mi vida y a la vez más bellos en los que mi Dios comenzó a moldearme como el barro.


Nada me podrá separar de tí Oh mi Dios!! Cuanto amor me has demostrado a travez de sus oraciones hechas canción, pués cuando la esucho cantar es como si tu me hablaras a mí, y cúan cerca me siento yo de tí mi Dios.

Espero en mi Dios que cuando vuelva podamos asistir! Y eso será inolvidable!


Dichoso aquel que pueda disfrutar de tal momento de bendición, mientras sé que mi amado esposo y yo esperaremos una vez más.

4 comentarios:

Luísa dijo...

Um prazer ler tão delicada descrição!
Passarei por aqui mais vezes.

In dijo...

Muito obrigado para mim um prazer ter você aqui

Madelyn dijo...

In, pudiste ir a su concierto? observo que tenemos muchas cosas en comun: la Fe, El Amor por Dios Nuestro Señor, el programa de Alfredo Paredes, la Hermana Glenda, entre otras cosas. un placer leerte, lindo espacio!

In dijo...

Ay Madelyn no pude ir. Pero tengo fe que para la próxima si será-
Que chévere saber que tenemos muchas cosas en común.
Es un placer tenerte por aki.
Besos.