Aprovechamos que andábamos en la zona colonial. Allí hice un stop en el tiempo, en mi vida. Cerré los ojos y respiré los aires de mi infancia cuando me encontré frente a mi amado colegio Santa Clara.
La puerta estaba abierta, y un joven ante mi asombro nos dejó pasar, pude sentir como los recuerdos corrían como niños traviesos alrededor de mí. Lo sentí más pequeño, pos claro es que yo ya he crecido bastante. Entré en la capilla donde estaban las monjas que con fuertes abrazos llenos de ternura nos recibieron, fue lindo ver donde me sentaba a escuchar la misa que se daba semanalmente para los estudiantes, mientras con mi mirada recorría cada asiento en donde me solía sentarme, visualizando de esa manera hermosos momentos vividos allí.
Pasear por los dos patios que para ese entonces parecían tan enormes. Disfruté de cada detalle, de las puertas de las aulas, los mismos árboles, las escaleras, el timbre, la verja. La escalera que lleva hacia la biblioteca lugar donde tejí tantos sueños, el cuarto de bordados donde aprendí una de mis grandes pasiones del día de hoy.
Cuanta nostalgia sentí! Al ver aquellos asientos de hierro de color negro donde me sentaba a disfrutar del jardín en horas de recreo frente a la imagen de Jesús.
Ciertamente recordar es vivir de nuevo, se me llenaron los ojos de lágrimas y por un momento quise volver a ser niña y lo logré, me vi correteando con mi vestido azul claro y mis rizos sueltos, escuchaba mis risas y carcajadas….Sí….por un instante quise quedarme allí.
Pero tuve que salir dejando mis recuerdos allí atesorados. Es tan hermoso visitar los lugares que tanta felicidad en un momento de nuestras vidas llenaron de alegría nuestros corazones. Mis hijos asombrados estaban, al estar pisando el colegio donde estudió su madre.
Lamentablemente no me tomé fotos con las monjitas, Sor Angélica sigue siendo la directora del colegio, y Sor Florentina ya tiene sus 101 años de vida, pero si tomé algunas fotos que llevaré más allá de mi memoria pues mi cámara fue testigo de aquellos sentimientos que inundaron mi alma.
